El gobierno de Donald Trump sostuvo reuniones secretas con militares venezolanos rebeldes para hablar sobre sus planes para derrocar al presidente NicolĆ”s Maduro, segĆŗn funcionarios estadounidenses y un excomandante militar venezolano que participaron en las conversaciones.Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda AmĆ©rica Latina. Muchas personas de la región aĆŗn sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en paĆses como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, asĆ como por haber guardado silencio ante los abusos que los regĆmenes militares cometieron durante la Guerra FrĆa.
En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca seƱaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diĆ”logo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un paĆs que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.
Sin embargo, un comandante militar de ese paĆs que estuvo involucrado en las conversaciones difĆcilmente puede ser considerado como un emisario democrĆ”tico: estĆ” en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.
Ćl y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran nĆŗmero de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del rĆ©gimen, encarcelar a cientos de prisioneros polĆticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.
La mayorĆa de los lĆderes latinoamericanos estĆ”n de acuerdo en que NicolĆ”s Maduro, el presidente venezolano, es un gobernante cada vez mĆ”s autoritario que arruinó la economĆa de su paĆs ocasionando una escasez extrema de alimentos y medicinas. El colapso desató el Ć©xodo de los venezolanos desesperados que escapan por las fronteras, y con ello abruman a los paĆses vecinos.
Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarĆan a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podrĆa resultar polĆticamente contraproducente.
Desde hace mucho tiempo, Maduro ha justificado su autoritarismo con la afirmación de que los imperialistas de Washington estĆ”n intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrĆan proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.
Maduro en un consejo de ministros realizado en Caracas, este mes. La mayorĆa de los lĆderes latinoamericanos estĆ”n de acuerdo en que es un gobernante cada vez mĆ”s autoritario que ha arruinado la economĆa de su paĆs. CreditPalacio de Miraflores
“Esto caerĆ” como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomĆ”tica en asuntos de AmĆ©rica Latina durante los Ćŗltimos meses del gobierno de Barack Obama.
AdemĆ”s del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques a pequeƱa escala, entre ellos una descarga de artillerĆa desde un helicóptero el aƱo pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto. Los ataques han contribuido a la idea de que el presidente es vulnerable.
Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, seƱalaron los funcionarios.
DespuĆ©s, en agosto del aƱo pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenĆa una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez mĆ”s.
“Ahora era el presidente quien lo decĆa”, seƱaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenĆa de ese mensajero”.
Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoƱo pasado y continuaron este aƱo— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con el autoritarismo de Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifrados, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición liderado por el EjĆ©rcito con el fin de gestionar el paĆs hasta que pudieran convocar elecciones.
Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.
El recuento de las reuniones clandestinas y los debates polĆticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, ademĆ”s del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habĆan conspirado contra el gobierno de Maduro.
Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.
Un grupo de venezolanos hacĆa fila en Caracas para comprar alimentos subsidiados por el gobierno, en mayo. El paĆs sufre una escasez extrema de alimentos y medicinas. CreditMeridith Kohut para The New York Times
No obstante, conforme la crisis humanitaria de Venezuela empeoraba el aƱo pasado, los estadounidenses decidieron que valĆa la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama mĆ”s claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro.
“DespuĆ©s de muchas discusiones, acordamos que debĆamos escuchar lo que querĆan decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.
Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de AmĆ©rica Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que serĆa mĆ”s prudente enviar a un diplomĆ”tico de carrera.
Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningĆŗn asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.
DespuĆ©s de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomĆ”tico informó que los venezolanos no parecĆan tener un plan detallado y se habĆan presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.
El excomandante venezolano seƱaló que los rebeldes jamĆ”s pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “JamĆ”s acordĆ© ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.
Agregó que Ć©l y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayorĆa opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.
DespuĆ©s planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarĆan la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez mĆ”s, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el presidente supiera que los golpistas habĆan contactado a los estadounidenses.
Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, Ć©l y sus colegas creĆan que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios rebeldes necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomĆ”tico estadounidense, que sucedió el aƱo pasado.
Legisladores en Caracas, el mes pasado. Los golpistas se sorprendieron cuando el gobierno instaló una nueva Asamblea Nacional Constituyente, leal a Maduro. CreditCristian HernĆ”ndez/EPA vĆa Shutterstock
A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.
Después el diplomÔtico estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.
Aun asĆ, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tĆ”cita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.
“Estados Unidos siempre ha mostrado interĆ©s en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomĆ”tico estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibirĆa como un espaldarazo”.
En su comunicado, la Casa Blanca dijo que la situación en Venezuela era “una amenaza para la seguridad y la democracia en la región”, y seƱaló que el gobierno de Trump seguirĆa reforzando una coalición de “aliados afines y sensatos, de Europa a Asia y a las AmĆ©ricas, para presionar al rĆ©gimen de Maduro con el fin de restablecer la democracia en Venezuela”.
Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.
El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, ofreció un discurso en el que dijo que Estados Unidos no habĆa “promovido un cambio de rĆ©gimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.
“Cuando las cosas estĆ©n tan mal que el mando militar se dĆ© cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrarĆ” la forma de realizar una transición pacĆfica”, comentó.
DĆas despuĆ©s, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre LatinoamĆ©rica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.
Un grupo de venezolanos que esperaba para registrarse ante las autoridades migratorias brasileñas en abril. El colapso económico ha desencadenado un éxodo de venezolanos desesperados.CreditMeridith Kohut para The New York Times
“Los soldados comen lo que encuentran en los botes de basura y sus familias sufren hambre mientras Maduro y sus amigos viven como reyes y bloquean la asistencia humanitaria”, escribió Rubio. DespuĆ©s aƱadió: “El mundo apoyarĆa a las fuerzas armadas de #Venezuela si decidieran proteger al pueblo y restablecer la democracia con la destitución de su dictador”.
Durante su Ć©poca como director de polĆticas de la Casa Blanca para AmĆ©rica Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debĆan “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeƱar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.
Conforme empeoraba la crisis en Venezuela en aƱos recientes, los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diƔlogos con facciones rebeldes de las fuerzas armadas.
“Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomĆ”tica principal en materia de LatinoamĆ©rica del gobierno de Obama. “HabĆa gente que le tenĆa mucha fe a la idea de que podĆan aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prĆ”cticas”.
No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vĆnculos con lĆderes de las fuerzas armadas que, segĆŗn el anĆ”lisis de Washington, se habĆan convertido en un pilar del trĆ”fico de cocaĆna y los abusos a los derechos humanos.
Roberta Jacobson, una exembajadora en MĆ©xico que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para polĆticas de LatinoamĆ©rica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, estĆ”n muy involucradas en el narcotrĆ”fico y son despreciables”, ella pensaba que valĆa la pena establecer un canal diplomĆ”tico extraoficial con algunos de sus miembros”.
“Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenĆa la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrĆ”tica habrĆa tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este aƱo. “La idea de escuchar a los lĆderes de esos lugares, sin importar quĆ© tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.
Sin importar cuĆ”l sea la lógica, sostener discusiones con los golpistas podrĆa hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en BahĆa de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chile en 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la dĆ©cada de 1980.
En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo ChĆ”vez, el predecesor de Maduro. Estados Unidos sabĆa que se estaba gestando un complot, pero lo desaconsejó, de acuerdo con documentos clasificados que mĆ”s tarde se hicieron pĆŗblicos. El golpe de Estado tuvo lugar de cualquier forma y el gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el nuevo lĆder. Los funcionarios estadounidenses despuĆ©s se distanciaron del nuevo gobierno debido a que creció el descontento del pueblo con el golpe de Estado y los paĆses de la región lo denunciaron claramente. ChĆ”vez fue restituido como presidente.
En el complot mĆ”s reciente, el aƱo pasado habĆa de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad despuĆ©s de las enĆ©rgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este aƱo.
Al excomandante venezolano le preocupa que los casi 150 compaƱeros que han sido detenidos puedan ser torturados. Lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del paĆs.
“Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

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